Un granito de sal con propósito

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Una niña de cinco años hace una pregunta, y un lustro después,

su mamá inventa una respuesta.

“¿Por qué existen Dios, el Universo, la Vida?”

 

Dios-Universo existe porque se ama a sí mismo.

(Si amo algo, o alguien, quiero que exista).

La Vida también existe porque Dios-Universo se ama

(ya vas a ver por qué).

 

Dicen que Dios es la eternidad del tiempo y

y que el Universo es la eternidad del espacio.

Pero yo creo que Universo y Dios, son lo mismo.

También creo que Dios-Universo  puede encogerse

y convertirse en Vida.

Para ser más preciso: en muchas Vidas.

 

La Vida son los años que vivimos

en el cuerpo que tenemos.

Entonces, eso tan grandote que es Dios-Universo

puede hacerse chiquito y convertirse en ti, en mí,

y en todas las Vidas que conoces.

 

Entonces Vida, Universo y Dios…

son lo mismo.

(Yo soy mamá, esposa y mujer…

y soy la misma).

 

“Sin sombra no hay luz”.

Sin Vida, no hay Eternidad.

 

La Vida existe porque Dios-Universo

se ama a sí mismo

y para ello necesita conocerse.

Le hace falta conocer  la limitada Vida,

para conocer, en contraste, su ilimitada Eternidad.

“Sin sombra, no hay luz”

Sin Vida, no hay Eternidad.

 

La mamá termina de escribir, con la sensación de ser un granito de sal hablando de por qué existen el cocinero, la cocina, y hasta él mismo en su salero. Sonríe. Nada más bueno que ser un granito de sal, con propósito.

 

Me hubiera gustado conocerte

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A Daniel,

donde quiera que estés.

Hay gente que vive por años y años

y no se da cuenta que está viva;

pero hay gente que sabe que cada momento en esta Tierra

es un milagro.

Hay gente valiente que no le da miedo vivir.

Hay gente con bolas,  y con los pantalones puestos,

(como dicen en mi país).

Aunque no te conocí,

sé que fuiste una de ellas.

Te atreviste a vivir

junto a la persona más valiente que conozco.

No se puede ser ratón

y ser pareja de una leona;

hacía falta ser otro león.

Y entre los dos hicieron cosas

que a los demás animales nos parecían imposibles,

la más importante de todas,

su pequeño leoncito.

Te agradezco haber sido tan valiente,

por no tenerle miedo a la vida,

y por asumir esa gran labor

de ser papá y esposo.

Gracias por inspirarnos con tu espíritu de aventura,

y con la fortaleza y tenacidad

del amor constante.

Me hubiera encantado haberte conocido,

y aunque no lo hice,

te doy las gracias por haber vivido.

 

Espíritu desnudo

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Me gusta ir lento,

aunque para hacerlo

tenga que poner diques,

paredes gigantescas

que contengan la marea atrás.

Me gusta determe.

Saborear el café.

Me gusta hacer cosas

que jamás pensé que iba a disfrutar,

como colgar la ropa,

o arreglar la cama.

Lo que no me gusta

tiene que ver conmigo

y conmigo solamente;

pero tengo que aprender a ser feliz conmigo,

así, como soy.

La perfección nunca llega

porque es un gran castillo en el aire:

cuando creo que lo voy a tocar,

se mueve mas lejos.

El desprendimiento no tiene fin.

No sé dónde vaya a detenerme;

pero mientras más me desprendo,

más me encuentro,

más me hallo desnuda frente al espejo.

desnuda en cuerpo

 desnuda en mente

desnuda ¿en espíritu?

todavía no lo sé.

Las dolencias de un antiguo dios

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 ¿Quién puede convencer al mar para que sea razonable?”

Pablo Neruda

¿Quién puede convencer al mar para que sea razonable?

No hace sino quejarse y quejarse, como una viejecita.

¿Qué pasó, mar? ¿No te llamaban Poseidón? ¿No te tenían miedo?

Sé razonable: te ganamos, somos más fuertes que tú, más importantes que tú.

Tienes que aceptar tu destino y callarte.

Sé razonable: necesitamos Más.

Más  es nuestra religión:

en el nombre de la eficiencia, del desarrollo y del crecimiento del PIB,

AMÉN.

Ya conocemos los síntomas, ya hemos leído los diagnósticos.

Ya sabemos

de la gigantesca sopa de plástico que es ahora el banquete mortal de tus criaturas

de las bolsas plásticas que, disfrazadas de medusas,  asesinan a las tortugas

de los tiburones que, amputados de sus aletas, son devueltos a ti, vivos y agonizantes

de los gigantescos barcos/fábricas, que arrasan kilómetros de vida con sus redes, y que encima te devuelven los cuerpos sin vida de los animales no vendibles

de los derrames de petróleo, y que no sabes si te recuperarás del accidente en el Golfo de México

 del desastre nuclear de Fukushima, y que su agua radioactiva avanza como una gangrena por el Océano Pacífico

 de las playas que ahora no son más que receptáculos de porquería

de las bahías que huelen a cloaca cuando la marea baja

de los manglares arrasados

del veneno que te inyectamos constantemente a través de ríos tóxicos multicolores.

Deja la quejadera mar. Sé razonable:

eres solo un antiguo dios.

En el nombre de la eficiencia, del desarrollo y del crecimiento del PIB,

AMÉN.

Uróboros

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ouroboros

Sale a la vida, llora, se estira, abre los ojos, lo pinchan, tiene miedo.

Lo cargan, lo miden, le dan de comer.

Lo atienden, lo miran, lo aman, lo duermen, lo despiertan,

le da frío, le da calor, tacto, tacto, tacto, todo lo siente.

Ahora ve el rojo y  el negro, muchos colores,

una cara que le gusta, otras que no.

Se sienta, come, llora, aprende, agarra cosas.

Se enferma, se cura, crece, crece, crece.

Gatea, juega, saborea, come. Toca, toca, saborea.

Tambalea, se cae, llora, se cae, llora.

Camina, camina, camina y crece y es amado,

pero no lo sabe.

Y crece y crece y ama y es amado

y ahora sí lo sabe.

Llora, llora, ríe, ama.

Un día se va, y al minuto regresa.

Y vuelve otra vez a salir a la vida, a llorar, a estirarse, a abrir los ojos,

a amar, a ser amado.

A comenzar de nuevo.

Uróboros.

La diosa del paraguas

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Sí, recuerdo ese día en que nací. La diosa me abrió en un movimiento elegante, como si fuera parte de una coreografía de ballet. Me elevó al cielo y solemnemente me dio a luz, como si yo fuera una gran flor. Extendí mis pétalos encorvados y ella me tomó por la cintura, decidida a llevarme a conocer el mundo. Yo pensaba que ése era mi destino: viajar, conocer. Pero luego me di cuenta que la diosa me había creado por necesidad:  si los rayos del sol, o  las gotas de lluvia, tocaran su cabeza, sería fatal. Mi destino era protegerla.

La diosa usualmente sale conmigo en las mañanas. Me toma de la silla donde descanso, abre la puerta, entramos en el ascensor (allí siempre se ve en el espejo, y no entiendo para qué), atravesamos el lobby del edificio, y cuando salimos a la calle, yo comienzo a trabajar. Caminamos por las aceras cuando hay, y cuando no, caminamos por la calle. Nos atravesamos con muchos otros dioses y diosas, y algunos tienen protectores como yo. Cuando ellos me reconocen, me saludan.

La diosa está siempre viajando cuando está conmigo: viaja al supermercado, a la tintorería, al banco, al parque, a la biblioteca, a la tienda de ropa, a la farmacia. Siempre está pendiente de mí, pero una vez me dejó abandonada y me sentí morir. Otro dios me encontró y me devolvió.

Además de proteger a la diosa, a veces tengo misiones especiales en las que se involucran otros protectores. Me refiero a cuando vamos a llevar, o a buscar, a los diositos pequeños al sitio en que ellos pasan las mañanas. Esos momentos son de mucho stress: a la diosa le da miedo llegar tarde, ya sea a llevarlos o a recogerlos, y yo no puedo darme el lujo de funcionar mal ese día. Sería catastrófico.

Mi mayor alegría es observar a la diosa cuando se queda extasiada, con una gran sonrisa, mientras está tecleando en un aparato con pantalla. No sé qué es lo que hace, pero si ella está feliz, yo también lo estoy.

Panamá en metamorfosis

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Acunada entre mar y verde

sus torres crecen

acariciando las nubes.

 

¡Mira hacia allá!

 No lo ves, tápate los ojos

ábrelos, ahora sí.

Una isla, un puente, un túnel.

¡Aquí todavía quedan 10 metros  cuadrados libres!

¿De cuántos pisos la queremos?

Unos ciento cincuenta, me parece bien.

 

Nada en este minuto es igual

a hace media hora.

Nada de lo que aprendas durante la mañana

te servirá en la tarde,

a menos que …

lo que hayas aprendido sea

que tu habilidad vital

es la adaptación.

Metamorfosis.