
¿Cómo sería el mundo con sopladores de burbujas?
Los sopladores dirían en su trabajo:
“voy a salir un momento a echarme una burbuja”
y entonces todos en la oficina dirían
(disimuladamente, como para que el jefe no los oyese) : “yo también”
y los que no habían traído burbujas, no se sentirían segregados,
pues los sopladores duros, siempre querrían compañía.
Y cuando los peatones caminaran por las aceras, apurados,
sonreirían al ver las burbujas de los trabajadores que se habían reunido,
una vez más, a compartir los chismes de oficina.
Y cuando un grupo de personas llegara a un restaurant, le preguntarían:
“¿ Zona de sopladores o no sopladores?”
(Porque, por supuesto,
siempre habrá personas que no agradezcan
que se les explote una burbuja encima de su filet mignon).
Y se compartirían historias:
“la primera vez que soplé una burbuja dentro de la casa, mi mamá no se enteró.
A ella no le gustaba eso de las burbujas.
Le parecía una pérdida de tiempo” .
O la de los papás modernos:
“a mis papás no les importaba que sopláramos burbujas dentro de la casa.
Decían que era mejor que lo hiciéramos allí,
donde podían vernos, y no en otra parte”.
Y habría zonas especiales para sopladores en los aeropuertos,
que deleitarían a los no sopladores, que, estresados,
encontrarían un sitio relajado en donde posar la vista.
Y habría discusiones sobre los pros y contras de soplar burbujas:
“tanto tiempo malgastado, sin oficio, cuando se podría estar trabajando, siendo productivo”
o más bien,
“soplar burbujas es mejor que el yoga y la meditación”
y los seminarios de especialistas harían que la gente viajase kilómetros y kilómetros
para así encontrarse con otros colegas que estuvieran de acuerdo con ellos.
Y habría polémica por las leyes anti burbujas en el trabajo,
y se discutiría sobre éstas en las Asambleas de Directores, y en el Congreso.
Y cuando una mujer embarazada, se encontrase con un soplador en plena burbujeadera,
ella le diría gentilmente: “Gracias por hacer que este peso sea más liviano”
Y los viejitos, ex sopladores acérrimos,
aquellos que ya no pudieran hacer grandes burbujas,
le pedirían ayuda a las nuevas generaciones , y juntos,
podrían hacer burbujas llenas de futuro.
Y las burbujas volarían y volarían
hasta que un día,
un ser de otro planeta nos descubriría
solamente por culpa de ellas …
y escribiría en su bitácora:
“hoy encontré un planeta siguiendo unas burbujas”.
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